jueves, 20 de agosto de 2009

Mitología de la Zona Central de Chile

Como por lo general estas leyendas han sido contadas en forma oral, la primera versión se a ido distorcionando a través de los años, pero sigue representando las vivencias de un lugar determinado.
Son variadas las verciones que se han formado en torno a la historia de la calchona. Mientras algunas personas se refieren a ella como una mujer horrenda y malvada que ataca a las personas que cabalgan, otros dicen que, al tomar forma de animal, ataca a los hombres desobedientes e infieles. Existe, además, la versión de la mujer que por las noches se transforma en diferentes animales.

Otros personajes que aparecen en la zona central son la cuca, el chonchón y el pihuchén.
De la leyenda de la cuca se conocen tres versiones: la cuca negra, la cuca blanca y la cuca cordillerana. La primera es un ave que vuela de noche. Cuando lo hace en las noches de luna, si su sombra toca a una persona, esta muere antes de cumplirse un año. Su grito se asemeja al rebuzno de la mula. Si lo lanza sobre una casa, al poco tiempo muere uno de los moradores de ella.
La cuca blanca es un ave benéfica que ayuda a las personas que andan extraviadas a encontrar el camino. Cuando canta, dice: ¡cuca! ¡cuca!
La cuca cordillerana habita cerca de los Andes y es un ser mitad mujer, mitad vaca que siempre anda con la cabeza tapada. Entra en las casas, saca a las personas mientras duermen y las deja en un sitio distante sin causarles ningún daño.
El chonchón se presenta como una cabeza humana, de la que nacen unas enormes orejas que usa a modo de alas para volar. Su presencia es delatada por su fatídico grito de tué, tué, que indica que una persona va a morir. Revolotea alrededor de la habitación de los enfermos, lucha con el espíritu de estos, y, si los vence, chupa la sangre de los pacientes.
Se considera a los chonchones como brujos que tienen el secreto para volar. Esto lo hacen untándose unas cremas en la garganta, con lo que logran que salga a volar solo la cabeza, diciendo: Sin Dios ni Santa María. El cuerpo permanece en la casa.
Para ahuyentarlos se reza la siguiente oración: San Cipriano va para arriba, San Cipriano va para abajo, sosteniendo una vela del buen morir. Con estas palabras el chonchón cae al suelo. También se le echa sal al fuego de la cocina y se dice: Pasa, chonchón, tu camino, o vuelve mañana por sal. Al día siguiente se presentará alguien a pedir sal y no hay que negársela.
El pihuchén (voz mapuche que significa secar a la gente), es un personaje cuya existencia se registra más allá de la zona central, pues también aparece en Coquimbo, La Araucanía y Chiloé.
Se trata de un culebrón verdoso, de alrededor de medio metro de largo, que vive en el corazón de los árboles huecos. Chupa la sangre de las ovejas o de los cristianos desde lejos.
Su presencia se reconoce por las huellas de sangre que deja.
En algunos campos, a los rebaños de ovejas se les ponen seis o más cabros, pues la sangre de estos animales es muy fuerte y ahuyenta a los pihuchenes.
Para matarlo, se cubre el árbol en que está escondido con una tela fuerte, para que no pueda huir, y en seguida se prende fuego al árbol.

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